REQUIEM POR EL CHIRI
¡QUE LÁSTIMA!
¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas de hoy cantan !
…………
Sin embargo…
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
y un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
………….
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
…………..
¡Oh, esa niña! Hace una alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Que gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
…………..
¡Pobre niña! Ya no pasa
……………
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
…………..
Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana…
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa…
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!
León Felipe – Autorretrato – “Qué Lástima” (fragmento)
En: Versos y Oraciones de Caminante -
Madrid – 1920
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Era como Platero. Pequeño, peludo y suave.
Lo vi sólo una vez. Mi nieta iba y venía corriendo desde la ventana donde podía ver la vereda, ansiosa por anunciarme su llegada. “Es blanco, Memé!...es blanco, ya vi algo blanco!”
Le dí permiso para venir, sólo porque sabía que necesitaba que yo lo conociera. (O quizá porque ella sabía que yo necesitaba conocerlo).
Se lo habían dado por reyes, el 6 de enero de 2009. Tuvo que morirse (lo ayudaron en una veterinaria), el 3 de febrero del mismo año.
Poco tiempo, no? Poco, pero suficiente para angustiar a una niña de 3 añitos, a sus padres que sumaban su angustia a la de ella, y a quién escribe. Y no por el Chiri, eh?
A mí el Chiri me importa un pito. Me importaba y me sigue importando un pito.
Chirimbolo E.T. Elisalde, así me dijo que se llamaba.
“Memé, cuando lo extraño, digo: chiri, chiri, chiri,”, me contaba mientras cruzaba sus bracitos sobre sí, abrazándose.
“Me muerde, pero yo le enseño… No, no me muerde, mordisquea, para que le crezcan bien los dientitos”.
“No sabés, Memé, es un perro tan inteligente! Ya sabe donde es su baño, hace pichí y caca en el diario, y duerme en una toallita, debajo de la cama de mamá”.
Su mamá, de quién dije, ese mismo día que conocí a Chiri, que se había comprado el perro para ella, que nunca la había visto tan contenta en sus 30 años, perrera desde siempre y que contaba, más o menos en el mismo tono que la Cuqui, las mismas cosas, sólo que con un sentimiento de profunda y grave importancia, cómo cuando me cuenta algo de la EMAD, o habla de sus sesudas reflexiones sobre la vida.
No sé cuál de las dos me dio más pena.
Tuvimos que enterrar al Chiri mi otra hija y yo. Obviamente, nosotros podíamos. Y fue ese día, con ese nudito en la garganta, el mismo que siento ahora mientras escribo,
Desde ese día decidí, por muchas cosas de poca, poquísima importancia, que el Chiri se merecía este Réquiem, cortito, modesto; salvando todas las distancias, a la manera del querido León Felipe.
Montevideo, 6 de febrero de 2009
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